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 El lado Humano - La Medicina en los Libros y la Literatura
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LIBROS - LA ENFERMEDAD (PREMIO HERRALDE 2006)

 

 La Medicina en los Libros y Literatura
Título: La enfermedad
Autor: 
Alberto Barrera Tyszka.
Editorial: Anagrama, 2006, 168 páginas.
Autora de la reseña: Carolina Botella Dorta
 

De verdad que les recomiendo este texto, el cual puedo describir con tan dispares y variados adjetivos como sosegado y volcánico, tierno y duro, cotidiano y emocionante, chistoso y triste.

La enfermedad es un libro que se puede leer de un tirón.  Yo disfruté de él una mañana de domingo, a esa hora temprana en la que la ciudad todavía no ha despertado, cuando reina la tranquilidad que es propia de los días de fiesta y que, al menos a mí, me invita a la reflexión y a la intimidad.  Porque es eso, intimidad y cercanía lo que experimentamos con esta novela, ya que la historia que viven sus personajes es la historia que hemos vivido o que viviremos cualquiera de nosotros, los que estamos vivos y nos enfrentamos a los avatares del día a día.

La enfermedad cuenta dos hechos que acaecen simultáneamente, dos enfermedades que van transcurriendo paralelas, sin que la una sepa nada de la otra y cuyo punto de unión es el doctor Andrés Miranda:

La primera enfermedad.  Andrés Miranda es un internista en el que se conjugan la capacidad científica y la humana.  Siempre ha sido partidario de contar la verdad a sus enfermos.  Ahora el paciente es su padre y tiene que comunicarle que padece un cáncer incurable.  Este el resumen de la historia.  En sus entresijos encontramos la relación entre Andrés y la medicina, entre Andrés y su progenitor, entre éste y Merny (su cuidadora), los recuerdos y el amor del pasado y el dolor y el amor del presente entre hijo y padre, el temblor y la boca seca al dar la mala noticia, la búsqueda del acomodo ante la nueva situación, la rabia, la indignación, los silencios, el inexorable avance de la enfermedad, la resignación, el final, la paz.

-¿Ya están listos los resultados?
Apenas pronuncia la pregunta, se arrepiente de inmediato.  Andrés Miranda quisiera detenerla en el aire, devolverla a su lugar de origen, esconderla de nuevo debajo de un silencio [...]  No se lo han dicho, no ha visto las placas, no conoce los resultados y, sin embargo, ya sabe que su padre tiene cáncer.
¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que la vida es una casualidad? [...]  Sabe que la pregunta no guarda ningún cinismo.  Más bien le parece una expresión autocompasiva, una oración piadosa; una forma de reconocer los límites de la medicina ante el infinito poder de la naturaleza, que es lo mismo que reconocer los límites de la medicina ante el infinito poder de la enfermedad.

El rostro del jefe de radiología ha quedado suspendido como un globo dentro de su consultorio.  Los pasillos de los hospitales suelen estar llenos de globos así.  Se deslizan lentamente sobre el aire, todos iguales, plásticos tenues donde se pintan cejas dobladas hacia abajo, bocas graves, gestos sobrios: puras señales de resignación.  Es una ceremonia, un protocolo clínico.  Los hospitales son lugares de paso: templos para el adiós, grandes monumentos a las despedidas.

-Tú no me mentirías, ¿verdad? – El padre habla desde los huesos.  Con esa voz áspera pero cercana con la que hablan los huesos [...]  Andrés tiene un erizo en la lengua.  Siente que su garganta de pronto se llena de cáscaras de piña.  A su pesar, se le aguan los ojos.  Teme que la voz le falle.  Hace un gran esfuerzo para hablar.
-Yo jamás te engañaría, papá –dice, al fin, con ronca intimidad.
-Eso es todo lo que quería oír.  Gracias.

¿Por qué a mí?  ¿Por qué yo?  Desde aquella noche, Javier Miranda se repite lo mismo [...]  Desde aquella noche, todo ha cambiado.  Lo primero es su ánimo.  Ya no sabe cómo sacudirse la depresión que, más que envolverlo, lo empapa.  Está indignado con la vida, furioso, resentido; se siente impotente, le aterra saber que no tiene salidas [...]  Ha cambiado su relación con los otros, con todo el mundo; y eso por supuesto que incluye a Andrés.  Ya no sabe muy bien cómo tratarlo, qué hacer, qué decirle [...]  El cambio más fuerte, sin embargo, tiene que ver con su cuerpo.  Javier Miranda siente que lo perdió, que en realidad ya no es suyo.  Nunca antes había tenido esa sensación, nunca había sentido tan nítidamente ese desdoblamiento que produce la enfermedad..

Cuando Andrés enciende de nuevo su teléfono celular, sólo escucha un aullido.  El sonido de la ambulancia ya es una herida que va abriendo la tarde [...]
-¿Qué quieres?  ¿Qué puedo hacer por ti?
El viejo Miranda piensa un momento.
-Háblame –pide, difícilmente, como si arrastrara la palabra hasta sus labios-.  Háblame ahora de nosotros.
El silencio es una estaca.  Andrés siente que su lengua es una piedra.  Pero de pronto entiende que eso es lo único que tienen, lo único compartido que les queda a los dos: las últimas palabras.  Esa voz débil, difícil, es el final del cuerpo, el único trozo de vida que todavía tienen, el sonido [...]
Andrés siente entonces que su boca está llena de corteza de árboles.  También siente una tristeza tan honda.  Está llorando, ya sin amarres, sin ninguna contención.  La mano de su padre, entre las suyas, es cada vez más liviana.  ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que la vida es una casualidad?
El viejo Miranda vuelve a abrir los ojos, intenta sonreír y luego lo mira con una frágil ternura.
-Háblame –repite-.  No dejes que me muera en silencio.

 
 

La segunda enfermedad.  Ernesto Durán es paciente del doctor Miranda y cree que está enfermo.  De hecho, su enfermedad irrumpe continuamente en su existencia, no le deja ni a sol ni a sombra, no le permite vivir.  Escuchemos a Ernesto Durán.  Escuchemos a muchos de nuestros pacientes.  Escuchémonos:

Yo he venido, desde este tiempo, sufriendo súbitas bajas de tensión, una descompensación interna que me pone casi diariamente al borde de continuos desmayos.  Los síntomas son claros: sudoración fría, palidez, sensación de debilidad interna, descenso en la temperatura del cuerpo... y obviamente el leve mareo que siente cualquiera justo antes de desmayarse.  Le conté todo eso.  Usted anotó cada cosa.  Hizo algunas preguntas.  Luego me revisó [...]  En nuestra segunda cita [...] yo llegué con los exámenes que usted me ordenó hacer [...]  Usted me dijo que los exámenes daban muy buenos resultados, que yo estaba bien.  Yo, por supuesto, le repliqué, le dije que eso era imposible.  Había seguido teniendo los mismos mareos.  Quizá no le gustó que insistiera.  Pero tenía que hacerlo.  Quien se iba a desmayar era yo, no usted.  Eso también se lo dije.  Usted, entonces, me aseguró que yo estaba bien.  Que no me iba a desmayar.  Que físicamente era imposible que me desmayara.

 
 
Hoy no es domingo, pero sí es festivo.  Hoy es martes de carnaval.  Es temprano por la mañana.  La ciudad ni siquiera ha comenzado a desperezarse, pero yo ya estoy acabando esta reseña, la cual termino casi como empecé.  De verdad que les recomiendo este texto, el cual creo que puedo describir con una frase: ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que la vida es una casualidad?
 
 

Anexo.  Sobre el autor.

Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960) es poeta y narrador.  Es autor de la novela También el corazón es un descuido y del libro de cuentos Edición de lujo, así como de los poemarios Coyote de ventanas y Tal vez el frío.  Junto a la periodista Cristina Marcano, ha publicado la primera biografía documentada del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.  Es licenciado en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, donde también ejerce de profesor.  Durante años ha trabajado como guionista de televisión.  Desde 1996 es columnista dominical del periódico El Nacional.  Con La enfermedad obtuvo el Premio Herralde de Novela del año 2006.

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