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Es la persistencia de la infección por el virus de la hepatitis C (VHC) tras 6 meses de infección aguda, lo cual se pone de manifiesto por niveles elevados del RNA del VHC tras este periodo de tiempo (SIGN, 2006). Se conocen 6 serotipos y, al menos, 50 subtipos diferentes. En Europa y EEUU, el más frecuente es el 1 (70% de los casos), seguido por el 2 y 3 (25%). El 4 en África del Norte y Central, el 5 en Sudáfrica y el 6 en el Sureste Asiático (BMJ, 2006). La prevalencia a nivel mundial se estima alrededor del 4%, pero en poblaciones de riesgo (hemofílicos que recibieron factores de coagulación antes de 1992 y adictos a drogas por vía parenteral) se alcanzan valores que llegan al 70-90% (DynaMed, 2007). Estudios epidemiológicos realizados en España aportan una prevalencia del 1,2-1,9%, lo que supondría un número de personas infectadas de 480.000-760.000 (Brugera M, 2006). La mayor parte de las infecciones agudas son asintomáticas. Alrededor del 60-85% de las infecciones agudas se cronifican, de éstas, el 20% pueden evolucionar a cirrosis al cabo de 20-25 años con un riesgo anual de evolución a carcinoma hepatocelular (CHC) del 1-4%, aunque el paciente se mantenga clínicamente estable, lo que da idea del importante problema de salud pública que esta infección ocasiona (U.S. Preventive Services Task Force, 2004; SIGN, 2006;). Los mecanismos de transmisión de la Hepatitis C crónica son los mismos que para la Hepatitis C aguda.
Para ello se realizarán pruebas serológicas de detección del VHC. La determinación de rutina del VHC no está indicada en población adulta asintomática, trabajadores sanitarios, de servicios públicos ni embarazadas (Verna, 1999) No existe ningún marcador bioquímico específico que diagnostique la hepatitis crónica por virus C (HCC). El 40% de los pacientes presentan una elevación moderada de la ALT. Los niveles de ALT y AST indican necrosis hepatocelular, pero no se pueden utilizar como marcadores del grado de fibrosis hepática (DynaMed, 2007). La serología es el único método diagnóstico definitivo. Para ello se realizan (CDC, 2003; SIGN, 2006; Patel, 2006; Scott, 2007): Pruebas serológicas: Detectan los anticuerpos frente al VHC. Pueden dar resultados falsos (+) en poblaciones inmunocompetentes con bajo riesgo de infección y si existen unos niveles bajos de viremia. Resultados falsos (-) pueden presentarse en pacientes inmunodeprimidos, con fallo renal y en la asociación de Hepatitis C y crioglobulinemia. Pruebas virológicas: Confirman la presencia del RNA del VHC, bien de forma cualitativa o cuantitativa (carga viral), así como la determinación del genotipo. La carga viral se utiliza para el seguimiento de la respuesta al tratamiento, pauta y dosis más adecuada. La biopsia hepática esta indicada en aquellos pacientes con infección crónica, que se consideren candidatos a tratamiento farmacológico, salvo en aquellos con genotipo 2 y 3 en que no es primordial su realización previa al comienzo del mismo. Existen pacientes con infección por estos genotipos y escasa afectación hepática, en quienes podría considerarse las biopsias seriadas cada 4-5 años para valorar la evolución de la enfermedad. Aporta información sobre el grado de fibrosis y la afectación hepática por otras patologías. Aunque existen varias escalas de valoración, las más empleadas han sido: Metavir y Ishak. En un paciente con un grado de fibrosis >2 en la escala Metavir o >3 en la de Ishak, habría que valorar tratamiento farmacológico. La biopsia hepática tiene una mortalidad del 0,13-0,33% y una morbilidad del 5,9% (American Gastroenterological Association, 2006; SIGN, 2006).
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Las manifestaciones clínicas no suelen aparecer hasta la aparición de síntomas relacionados con la cirrosis hepática (20% de los casos a los 20-25 años) o el CHC (riesgo anual, entre pacientes con cirrosis, del 1-4%). El diagnóstico se realiza habitualmente en el transcurso del estudio de un paciente asintomático con elevación mantenida de la ALT. Su presencia está asociada a (Ward, 2004):
Los factores que favorecen la evolución de la HCC a cirrosis y CHC, son (SIGN, 2006; Patel, 2006):
Una vez realizado el diagnóstico, debe derivarse al especialista para la valoración de tratamiento farmacológico oportuno.
| ¿Cómo se trata? |
Medidas generales. Teniendo en cuenta los resultados de los estudios publicados hasta el momento, debe recomendarse un aporte nutricional adecuado y ejercicio moderado, evitando sobrepasar un Índice de Masa Corporal de 25. No existen evidencias suficientes para indicar suplementos de Zinc, Vitamina K, E y C. Si el paciente tiene niveles elevados de ferritina sérica, se recomendará dieta pobre en hierro. Debe indicarse el cese del hábito tabáquico y considerar la vacunación frente a la hepatitis A y B (SIGN, 2006).
Indicaciones y contraindicaciones del tratamiento farmacológico. Aunque se precisa una valoración individualizada, el tratamiento farmacológico debe tenerse en cuenta en pacientes mayores de 18 años que no lo hayan recibido previamente o éste haya sido subóptimo, con RNA del VHC circulante, con valores de ALT elevados, enfermedad hepática compensada y datos anatomopatológicos, en los pacientes en que se realiza biopsia, de hepatitis crónica (estadio 1 en escala METAVIR; estadio < 3 en escala Isaac) (American Gastroenterological Association, 2006; Patel, 2007). En cualquier otra circunstancia se precisa una valoración específica del paciente y su situación clínica.
Las contraindicaciones absolutas son (Treatment Guidelines from The Medical Letter, 2005; Patel, 2007):
Las contraindicaciones relativas son (Treatment Guidelines from The Medical Letter, 2005; Patel, 2007):
El consumo activo de alcohol u otro tipo de drogas no es contraindicación de tratamiento farmacológico de la HCC siempre y cuando los pacientes sigan programas de deshabituación (SIGN, 2006).
Tratamiento farmacológico. El objetivo fundamental del tratamiento es controlar y erradicar la viremia con el fin de evitar la evolución a cirrosis y CHC. Teniendo en cuenta la respuesta de la viremia al tratamiento farmacológico, pueden ocurrir varias situaciones clínicas cuyas definiciones es necesario conocer, ya que lo condicionan:
El tratamiento de elección es con la combinación de Interferón pegilado y ribavirina, que ha demostrado una RVS del 42-52% para el genotipo 1 y del 76-84% para los genotipos 2 y 3 (SIGN, 2006; American Gastroenterological Association, 2006; Patel, 2007):
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Por el momento no existen evidencias para recomendar el uso de otros fármacos como la amantadina, interleukina, interferón gamma, ácidos biliares, bicyclol o corticoides (Coon, 2004 ; Deltenre P, 2004; SIGN, 2006; American Gastroenterological Association, 2006; Yang XY, 2007; Patel, 2007). El interferón beta no proporciona ventajas sobre el alfa para su uso (American Gastroenterological Association, 2006).

Efectos secundarios del tratamiento farmacológico. Son muy frecuentes y afectan prácticamente al 75% de los pacientes que lo reciben (SIGN, 2006):
Los pacientes con cirrosis hepática descompensada secundaria a infección por VHC y aquellos con CHC operable, serán candidatos al trasplante hepático (Murria KF, 2005; SIGN, 2006). En caso de ser necesaria su realización debe evitarse el tratamiento antiviral en los periodos previos o su realización. Después del trasplante, el 95% de los pacientes tienen viremia recurrente con hepatitis leve, pero es infrecuente el rechazo. Con el objeto de controlar la evolución de la enfermedad en estas circunstancias, siempre de forma individualizada, puede plantearse comenzar tratamiento con interferón y ribavirina en el periodo postrasplante (SIGN, 2006; American Gastroenterological Association, 2006; Carrion JA, 2007).
Por el momento no existe vacuna disponible y el uso postexposición de inmunoglobulina no es eficaz (CDC, 2006). La prevención debe realizarse a dos niveles:
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| Bibliografía |
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