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 Guías Clínicas - Síndrome metabólico
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14/01/2008 - Guías Clínicas 2008; 8 (44).

Autor:
Alberto del Álamo Alonso M. Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria

Médico del SAP Novoa Santos. Ourense. SERGAS. España

Información:
Elaborada por un médico sin revisión posterior por colegas.

Conflicto de intereses: Ninguno declarado.


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  Tabla de contenidos: 
¿Qué es el síndrome metabólico?
¿Cómo se diagnostica?
¿Qué estudios necesita un paciente con sospecha de Síndrome metabólico?
¿Cuál es su riesgo cardiovascular?
¿Cuáles son los objetivos?
¿Cuándo y con qué tratar al paciente?
¿Qué seguimiento?
¿En qué ocasiones derivaremos al nivel secundario?
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 ¿Qué es el síndrome metabólico?

El síndrome metabólico (SM) –conocido también como síndrome plurimetabólico, síndrome de resistencia a la insulina o síndrome X- es una entidad clínica controvertida que aparece, con amplias variaciones fenotípicas, en personas con una predisposición endógena, determinada genéticamente y condicionada por factores ambientales. Se caracteriza por la presencia de insulinoresistencia e hiperinsulinismo compensador asociados a trastornos del metabolismo hidrocarbonato, cifras elevadas de presión arterial, alteraciones lipídicas (hipertrigliceridemia, descenso del cHDL, presencia de LDL tipo B, aumento de ácidos grasos libres y lipemia postprandial) y obesidad, con un incremento de la morbimortalidad de origen ateroesclerótico, aunque aún no se ha determinado con certeza el riesgo absoluto conferido por el síndrome metabólico en las diferentes poblaciones. (D)

Clínicamente la resistencia a la insulina (RI) se define como la incompetencia de una determinada concentración de insulina para conseguir el control de la glucosa y, aunque es la base fisiopatológica de la diabetes, no unificaría todos los aspectos etiológicos en el SM. Es una anormalidad celular compleja que implica fundamentalmente al tejido adiposo, al hígado y al músculo esquelético. Además de la susceptibilidad genética precisa de la presencia de otros factores ambientales:

  • Obesidad central o abdominal.
  • Sedentarismo.
  • Dieta hipercalórica rica en grasas y carbohidratos.
  • Tabaquismo.

Otros factores relacionados con la RI y el SM son:

  • Hiperuricemia o gota.
  • Hipercoagulabilidad y defectos de la fibrinolisis.
  • Hiperleptinemia o resistencia a la leptina.
  • Y también: homocisteína (papel controvertido en la RI), leucocitosis, elevación de la VSG, PAI-1 elevado, hiperandrogenismo, hígado graso, cálculos biliares, osteoporosis, acantosis nigricans, síndrome del ovario poliquístico.

Múltiples evidencias demuestran la mayor probabilidad de desarrollar diabetes mellitus en los pacientes que presentan un SM (A). También se ha demostrado una mayor asociación con la cardiopatía isquémica y la progresión de la enfermedad cardiovascular.

 Puntos clave
Consideramos hipercolesterolemia definida: colesterol total > 250 mg/dl (6.45 mmol/l) y triglicéridos < 200 mg/dl (2.26 mmol/l). En prevención secundaria y en diabéticos hablamos de hipercolesterolemia definida para valores de colesterol > 200 mg/dl (5.17 mmol/l) >>>>
El método de cálculo de riesgo cardiovascular recomendado es la tabla de predicción del riesgo del proyecto SCORE para paises con RCV bajo >>>>
El primer paso en cualquier plan terapéutico es la modificación de su estilo de vida. Puede esperarse una reducción de un 5-10% en la colesterolemia y hasta un 50% para la hipertrigliceridemia con la dieta >>>>
En el tratamiento de las hipercolesterolemias son de elección las Estatinas. Cuando no se alcanzan los objetivos del tratamiento pueden asociarse Resinas y Estatinas >>>>
Los objetivos terapéuticos son diferentes según el riesgo coronario >>>>
Las hiperlipidemias de difícil control (cuando no se alcanza el objetivo terapéutico con dos fármacos a dosis adecuadas) deben derivarse al segundo nivel
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 ¿Cómo se diagnostica?
 

No existe una definición consensuada internacionalmente, y a veces se ha criticado que los criterios diagnósticos utilizados son ambiguos e incompletos, por ello tal vez sea más útil hablar del SM en términos de concepto que como entidad clínica, pues, entre otros aspectos, no existe un tratamiento farmacológico específico para este diagnóstico; sin embargo, desde un punto de vista práctico y eminentemente clínico los parámetros más extendidos para identificar el SM son los propuestos, de manera simplificada, por el NCEP ATP-III (2001), actualizados posteriormente por la American Heart Association (2005):

Obesidad abdominal (perímetro cintura)
    • Hombres: >102 cm.
    • Mujeres: >88 cm.
Triglicéridos
    • Hombres: ≥150 mg/dl
    • Mujeres: ≥150 mg/dl
o tratamiento farmacológico para los TG
cHDL
    • Hombres: <40 mg/dl
    • Mujeres: <50 mg/dl
o tratamiento farmacológico
Presión arterial
    • Hombres: ≥130/ ≥85 mmHg
    • Mujeres: ≥130/ ≥85 mmHg
o tratamiento con fármacos para la HTA
Nivel de glucosa en ayunas
    • Hombres: ≥100 mg/dl
    • Mujeres: ≥100 mg/dl
o tratamiento farmacológico para la hiperglucemia

El diagnóstico se establece cuando están presentes tres o más de los determinantes de riesgo antes mencionados.

Otros organismos internacionales, sin embargo, aun adoptando criterios similares, incorporan modificaciones particulares. La OMS incluye como criterio necesario la diabetes, la tolerancia anormal a la glucosa o la resistencia a la insulina y añade el índice cintura-cadera, la microalbuminuria; el grupo europeo EGIR, sin embargo, varía las cifras de triglicéridos (>180 mg/dl), incluye el perímetro abdominal (>94 en varones y 80 en mujeres) y agrega también la resistencia a la insulina o hiperinsulinemia en ayunas superior al percentil 75. En 2005 la International Diabetes Federation (IDF) propuso una nueva definición en la que, compartiendo la mayoría de los criterios del NCEP-ATP III -de los que se precisan al menos 2 para el diagnóstico-, sin embargo, considera condición indispensable la presencia de obesidad abdominal (con medidas específicas para los distintos grupos étnicos y no para el país de residencia), y que en el caso de Europa el límite que se establece para el perímetro abdominal (como parámetro de la obesidad central) es de 94 cm en varones y 80 cm mujeres.

La prevalencia del SM varía según los criterios utilizados como diagnóstico y la definición de SM utilizada; esta, se incrementa de manera continua con el aumento de edad y la obesidad. La prevalencia en España oscila entre el 19,3% (criterios OMS) y el 15,5% (criterios EGIR). Se considera que en población general puede existir una predisposición a la RI del 40%. El SM afecta al 42% de las mujeres y el 64% de los varones con intolerancia a la glucosa y al 78% de las mujeres y el 84% de los varones con DM2.

  ¿Qué estudios precisa un paciente con sospecha de síndrome metabólico? (D)

El paciente con SM puede no presentar unos FRCV muy elevados o tener enfermedad cardiovascular establecida, de ahí la importancia de integrar todos los factores que lo determinan. La valoración inicial nos permitirá averiguar la presencia de daño vascular, evaluar el riesgo cardiovascular y establecer los objetivos terapéuticos a seguir, por ello realizaremos una historia clínica completa que detalle: 

Esta historia clínica la completaremos con una exploración física reglada que recoja:

Referente a las pruebas complementarias dispondremos de:

      (*): en pacientes diabéticos

Consideraciones específicas con relación a los distintos componentes del SM:

  ¿Qué riesgo cardiovascular tienes estos pacientes?

El riesgo cardiovascular del SM depende de los factores de riesgo presentes en ese individuo y no es mayor que la suma de los componentes que lo determinan, pero por lo general triplica el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular (hasta el 80% de los pacientes que padecen SM mueren por complicaciones cardiovasculares). También se asocia a un incremento global de la mortalidad por cualquier causa.

Para definir la intensidad de la intervención a realizar y los recursos terapéuticos a utilizar para alcanzar los objetivos que se establezcan, se propone el cálculo de riesgo cardiovascular mediante el sistema SCORE para regiones europeas de bajo riesgo (D) (Guía Europea para la Prevención de la Enfermedad Cardiovascular en la Práctica Clínica -criterios NCEP ATP-III para el SM-). Generalmente estos individuos son pacientes de mayor riesgo cardiovascular (B) y van a precisar intervenciones intensivas con medidas no farmacológicas (cambios en el estilo de vida) y farmacológicas. Los factores utilizados para su cálculo son los siguientes: sexo, edad, tabaco, presión arterial sistólica y cifra de colesterol total o ratio colesterol/HDL. Se consideran pacientes de alto riesgo los que obtienen valores superiores al 5%.

Abrir tablas en ventana nueva Conroy RM, Pyörälä K, Fitzgerald AP, Sans S, Menotti A, De Backer G, et al. Estimation of ten years risk of fatal cardiovascular disease in Europe: the SCORE  project. Eur Heart H 2003; 24: 987-1003.

El RCV de los pacientes con SM es variable y difícil de calcular al no contemplarse en las tablas algunos factores incluidos en la definición del síndrome (obesidad, hipertrigliceridemia o alteraciones glucémicas); utilizando los criterios del NCEP-ATP III el RCV es algo menor que cuando se utilizan los criterios de la OMS. Según datos del estudio Framingham, el RCV a los 10 años de los varones con SM generalmente está entre el 10-20% y el de las mujeres se situaría por debajo del 10%.

Aquellos pacientes que presenten los siguientes condicionantes serán considerados de alto riesgo y por tanto recibirán intervenciones prioritarias (D):

 En los pacientes con niveles marcadamente elevados de algún factor de riesgo aislado el riesgo coronario debería ajustarse:

 Individuos con intolerancia a la glucosa (ITG) o con glucemias basales alteradas presentan un incremento del RCV (B), siendo mayor para aquellos que presentan ITG

  ¿Cuáles son los objetivos a conseguir?

De consenso con el paciente se deberían alcanzar estos objetivos:

 
  ¿Cuándo y con qué tratar al paciente con síndrome metabólico?

El tratamiento del SM no es diferente del que realizamos sobre cada uno de sus componentes.

La prevención primaria del SM es la del manejo eficaz, multifactorial e individualizado y enérgico de los distintos factores de riesgo que lo definen, para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular. No basta con tratar por separado cada componente del síndrome, es preciso intentar detener su origen: la resistencia a la insulina, por ello, la lucha contra la obesidad es el pilar fundamental. Según las circunstancias del paciente, puede ser más conveniente alcanzar pequeñas mejoras sobre varios FRCV que intervenir enérgicamente sobre un solo factor, sin actuar en los restantes.

Es útil la detección oportunista de factores de riesgo mediante programas preventivos específicos como la dislipemia, hipertensión arterial, obesidad o tabaquismo. El inicio del tratamiento en prevención primaria vendrá determinado por el riesgo cardiovascular global del paciente. La prevención secundaria del SM se centrará en efectuar su diagnóstico y tratamiento precoz, interviniendo sobre los factores de riesgo asociados.

Inicialmente es imprescindible el establecimiento y mantenimiento de un estilo de vida saludable (C) (terapia de primera línea) a través de una dieta apropiada, la práctica de ejercicio físico regular, alcanzar el peso ideal y, obviamente, el abandono del hábito tabáquico; si implantadas estas medidas, resultasen insuficientes para el control de los FRCV, se recurrirá a la intervención farmacológica sobre los mismos, utilizando fármacos que además de ser útiles en su indicación específica no aumenten la resistencia a la insulina:

En caso de obesidad central la dieta, además de equilibrada, será hipocalórica y se mantendrá hasta alcanzar el peso ideal; se recomiendan ahorros diarios entre 250-500 calorías sobre las necesidades calóricas diarias, para conseguir reducciones mensuales próximas a los 2 Kg.

Con una dieta apropiada se puede reducir la progresión de intolerancia a la glucosa a diabetes tipo 2 un 5-10%, disminuir la colesterolemia un 5-10% y hasta un 50% la hipertrigliceridemia. (A)

En pacientes con cardiopatía isquémica se propondrá el ejercicio físico adaptado a su capacidad funcional, tras realizar una prueba de esfuerzo. (A)

Fármaco

Sulfonilureas

Glitidinas

Metformina

Inhibidores α-glucosidasas

Tiazolidinadionas

Reducción de la glucemia

Basal
60-70 mg/dl

Posprandial
60-70 mg/dl

Basal
60-80 mg/dl

Posprandial
50-60 mg/dl

Basal
35-40 mg/dl

Descenso de HbA1c

ò 1,5-2%

ò 1,5-2%

ò 1,5-2%

ò 0,5-1%

ò 0,5-1,9%

Cambios en el peso

ñ ñ

ñ

 ò

ñ ñ

Modificación de Insulinemia

ñ ñ

ñ

ò

ò

Cambios lipídicos

ò Tg, C T  ñHDL, LDL

òTg

ò TG ñ C T  ñHDL, LDL

Tg: triglicéridos, C T: colestrol total  HDL: colesterol HDL, LDL: colesterol LDL

Estatinas

LDL reducción

18-55%

HDL aumenta

5-15%

TG disminuye

7-30%

Ezetimiba (coadministrado con estatina)

LDL reducción adicional

21%

HDL aumenta adicional

2-3%

TG disminuye adicional

7-8%

Fibratos

LDL reducción

5-20%    

HDL aumenta

10-20%

TG disminuye

20-50%

LDL = lipoproteínas de baja densidad
HDL = lipoproteínas de alta densidad
TG = triglicéridos
 

Tratamiento farmacológico de las hiperlipidemias

Tipo de hiperlipidemia

Fármaco de elección

Fármaco alternativo

Fármacos en combinación

Aumento cLDL
TG < 200 mg/dl

Estatinas

Ezetimiba* o Resinas

Estatinas + Ezetimiba*
Estatinas + Resinas
Aumento cLDL
TG 200 – 400 mg/dl y/o Disminución cHDL

Estatinas

Fibratos

Fibratos + Resinas **
Estatinas + Fibratos***

Aumento cLDL
TG > 400 mg/dl- y/o Disminución cHDL

Fibratos

Estatinas

Estatinas + Fibratos***
Estatinas + Á G Omega-3

Aumento TG

Fibratos

Á G Omega-3 (Sd. hiperquilomicronemia)

 

* La coadministración de ezetimibe en hipercolesterolemias consigue reducciones de colesterol LDL adicionales superiores al 20%.                                                                                                                                                            
** Asociación permisible si los triglicéridos son menores de 200 mg/dl (2.3 mg/dl) y persiste un cLDL elevado.
*** Los efectos secundarios aumentan, por lo que debe extremarse la vigilancia sobre la toxicidad hepática y muscular. En caso de ser imprescindible debería evitarse el gemfibrozilo, por su mayor riesgo de miopatía, y utilizar estatinas a dosis bajas (posiblemente la que menor riesgo tiene sea
Pravastatina a dosis de 10-20 mg/día).

Fármaco

Sensibilidad a la insulina

Colesterol total

Triglicéridos

Tiazidas

ò

ñ

ñ

B-bloqueantes

ò

ñ

ñ

Calcioantagonistas

ò

IECA

ñ

ò

ò

ARA II

ñ

ò

ò

Alfa-bloqueantes

ñ

ò

ò

  ¿Qué seguimiento es el más recomendado?

La periodicidad de los controles se establecerá, de manera individualizada en cada paciente, según los distintos FRCV presentes, su evolución y el nivel de control alcanzado. (D)

Como norma general se realizarán controles cada 1-3 meses para valorar la consecución de objetivos cuando se inicien cambios en el estilo de vida o se introduzca algún fármaco, salvo que el juicio clínico aconseje acortar estos intervalos, según el riesgo del paciente. En las sucesivas visitas se evaluará y reforzará el cumplimiento de las recomendaciones no farmacológicas (dieta, ejercicio, abandono del hábito tabáquico y control de peso), el nivel de cumplimentación de los fármacos prescritos y la posible aparición de efectos secundarios o interacciones medicamentosas entre ellos. (D)

Una vez alcanzados los objetivos de control se recomienda realizar seguimientos semestrales con controles analíticos según el factor de riesgo presente (perfil lipidico en hiperlipémicos y hemoglobinas glicosiladas en diabéticos bien controlados). Anualmente se solicitará un perfil general –incluidos iones en el caso de hipertensos tratados farmacológicamente- y microalbuminuria. En pacientes tratados con estatinas sólo se pedirá la CPK en el caso de que la sintomatología referida por el paciente sugiera patología muscular. (D)

Se deben desarrollar programas específicos de educación sanitaria que proporcionen individualizadamente la información e instrucción necesarias para alcanzar los objetivos propuestos.

  ¿En qué situaciones derivaremos al nivel secundario? (D)

El cribado de los factores de riesgo cardiovascular, el diagnóstico de SM y el manejo inicial de estos factores corresponde a los médicos de Atención Primaria. Determinadas pruebas complementarias y algunos tratamientos específicos exigen, sin embargo, la derivación al nivel secundario, pero manteniendo un seguimiento compartido entre ambos niveles asistenciales:

  Algoritmo

 
  Bibliografía
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