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 Guías Clínicas - Enfermedad de Meniére
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25/04/2008 - Guías Clínicas 2008; 8 (10).

Autores:
Juan Carlos Amor Dorado Especialista en ORL (1)
María del Pilar Barreira Fernández Especialista en ORL (1)
Grupo Fisterra [Acerca de...] Especialistas en Medicina de Familia y Medicina Interna

(1) Complexo Hospitalario Xeral-Calde. Servizo Galego de Saúde- Lugo- España.

Información:
Elaborada por médicos con revisión posterior por colegas.

Conflicto de intereses: Ninguno declarado.


  Tabla de contenidos: 
Índice
¿De qué hablamos?
¿Cuáles son sus causas?
¿Cómo se diagnostica?
¿Cuál es su evolución?
¿Cómo se trata?
¿Cuándo derivar al ORL?
Algoritmo de manejo
Bibliografía
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 ¿De que hablamos?

La enfermedad de Meniere (EM) se define como un cuadro clínico que se caracteriza por la presencia de episodios espontáneos de vértigo (sensación de giro de objetos) recurrente, hipoacusia fluctuante, acúfeno y plenitud ótica de origen idiopático. Cuando se relaciona con una etiología concreta se llama Síndrome de Meniere (SM) o hidrops endolinfático secundario. El marcador histopatológico de la EM es la presencia de un hidrops endolinfático.

La incidencia de la EM se estima en 15/100.000 habitantes/año y se incrementa con la edad. Puede ocurrir a cualquier edad aunque en niños es poco frecuente (Minor LB, 2004). El pico de inicio se sitúa entre los 20 y los 60 años. Su prevalencia varía entre las diferentes poblaciones estudiadas, desde 8/100.000 (Celestino D, 1991) hasta 218/100.000 habitantes (Schessel DA, 1998). Es ligeramente más frecuente en mujeres (Minor LB, 2004).

 ¿Cuáles son las causas?

La fisiopatología está en relación con una homeostasis anormal de los fluidos del oído interno, ya sea un aumento en la producción de endolinfa o un problema para su reabsorción (Kimura, 1967). El exceso de endolinfa en los espacios del oído interno (laberinto membranoso), provoca un aumento de presión o hidrops endolinfático que sería el responsable de las microroturas de las membranas del oído interno y de la posterior mezcla de endolinfa y perilinfa, responsables de las manifestaciones clínicas en la EM (Zenner, 1994).

La causa inicial que desencadena el hidrops endolinfático sigue siendo desconocida. La presencia de hidrops no es causa suficiente para explicar las manifestaciones de la EM (Honrubia V, 1999; Rauch SD, 2001). Hasta la fecha se han encontrado asociaciones con: enfermedad autoinmune del tiroides (Brenner M, 2004), predisposición genética con patrón autonómico dominante (Klockars T, 2007), HLA-DRB1*1101 (López-Escamez JA, 2007), virus (Vrabec JT, 2003) y migraña (Boyev KP, 2005).

La causas de hidrops endolinfático secundario o SM son:

 ¿Cómo se diagnostica?

No existe ninguna prueba diagnóstica, ni marcador analítico ni radiológico que identifique la EM. El diagnóstico se basa en una historia clínica detallada, en la exploración neurotológica, así como en la evolución clínica y la respuesta al tratamiento.

Los síntomas de la EM inicialmente suelen ser unilaterales y consisten en:

La exploración debe ser completa y excluir otras causas de vértigo, hipoacusia y acúfenos, prestando una atención especial a enfermedades del sistema cardiovascular, del sistema nervioso central (SNC) y del área ORL (Warrell, 2003).

Se aconseja estudiar sistemáticamente (CKS, 2007):

Es aconsejable realizar un hemograma, glucemia, colesterol, hormonas tiroideas, ANA/ENA (DynaMed, 2007) y FTA-Abs (Pulec JL, 1997) en busca de anemia (CKS, 2007), diabetes mellitus, hipercolesterolemia, hipotiroidismo, enfermedades autoinmunes y neurosífilis. En un 30% de los pacientes con EM se detectan anticuerpos frente a antígenos del oído interno sin un claro significado.

La Academia Americana de Otorrinolaringología (AAO-HNS) ha establecido, por consenso, los criterios clínicos que permiten diagnosticar la EM en:

  1. EM cierta o segura: Cumple todos los requisitos clínicos y se ha podido confirmar histológicamente.
  2. EM definitiva: Dos o más episodios de vértigo rotatorio de al menos 20 minutos de duración que asocian hipoacusia fluctuante constatada en la audiometría tonal liminar en alguna ocasión, acompañándose de acúfeno y sensación de plenitud ótica en el mismo oído. Se han excluido otras etiologías.
  3. EM probable: Una crisis única de vértigo de al menos 20 minutos de duración que se acompaña de hipoacusia constatada audiométricamente en al menos una ocasión. Puede o no acompañarse de acúfeno y sensación de plenitud ótica.
  4. EM posible: Presenta episodios de vértigo recurrente de al menos 20 minutos de duración pero la hipoacusia no está documentada o, la hipoacusia está documentada pero no tiene los episodios de vértigo rotatorio de al menos 20 minutos de duración.
    Para considerar una EM bilateral, cada uno de los oídos por separado debe cumplir los criterios diagnósticos de la AAO-HNS. Habitualmente suele ser un oído el afectado, pero en la evolución pueden verse involucrados ambos en el 30-50% de los pacientes en un período de 15 años desde el diagnóstico.

Para considerar una EM bilateral, cada uno de los oídos por separado debe cumplir los criterios diagnósticos de la AAO-HNS. Habitualmente suele ser un oído el afectado, pero en la evolución pueden verse involucrados ambos en el 30-50% de los pacientes en un período de 15 años desde el diagnóstico (Warrel DA, 2003).

Las pruebas que han demostrado utilidad en el diagnóstico de la EM son:

Las dos anteriores con la audiometría y los PEATE, pueden resultar útiles para el seguimiento de los pacientes, determinar la repercusión de la EM a nivel audiovestibular, así como identificar el oído activo cuando la sospecha es de enfermedad bilateral.

Es importante realizar diagnóstico diferencial con:

 ¿Cuál es su evolución?

Las crisis agudas suelen durar de minutos a horas, lo más frecuente 2-3 horas (Minor, 2004). Los episodios agudos se agrupan en general entre 6 y 11 al año, aunque pueden presentar períodos de remisión de meses (James, 2006). Los hallazgos clínicos se han descrito en tres estadios aunque más del 50% de los pacientes no progresan a los tres (Saeed, 1998; DynaMed, 2007):

Debido a que la hipoacusia es una variable que se puede cuantificar y su evolución suele ser paralela a la enfermedad, la AAO-HNS (1995) valora la severidad de la EM utilizando los niveles de audición (Tabla 1).

Tabla 1. Estadios de la enfermedad de Meniere definitiva (AAO-HNS, 1995). Promedio de los umbrales para tonos puros del audiograma
de las frecuencias 500-1000-2000-3000 Hz, del peor audiograma de los seis meses previos a iniciarse un tratamiento.

Estadio 1

25 dB

Estadio 2

26-40 dB

Estadio 3

41-70 dB

Estadio 4

>70 dB

La evolución natural de la enfermedad es a una pérdida auditiva progresiva, a la vez que disminuye la intensidad del vértigo, instaurándose una inestabilidad permanente.

Es necesario valorar como los síntomas afectan al paciente desde un punto de vista funcional, psicológico, laboral y social. La AAO-HNS ha desarrollado una escala del nivel funcional del paciente con EM que es especialmente útil para identificar la repercusión en sus actividades diarias en cada paciente (Tabla 2).

Tabla 2. Escala del nivel funcional del paciente con enfermedad de Meniere según la AAO-HNS.
  1. El vértigo no afecta en nada mi vida.
  2. Cuando tengo el vértigo debo cesar mi actividad en ese momento, luego continúo normalmente y no me afecta a mis planes.
  3. Idem al 2. pero me hace cambiar algunos planes.
  4. Puedo hacer una vida normal pero me obliga a un gran esfuerzo, constantemente he de reajustar mis actividades.
  5. No puedo trabajar, ni conducir ni mantener a mi familia. Soy incapaz de realizar la mayoría de las actividades diarias. Estoy incapacitado.
  6. Estoy de baja laboral durante al menos un año y/o recibo una compensación económica por ello.

El paciente deberá seleccionar el número que mejor se adapta a su situación clínica en el momento en que se explora.

  ¿Cómo se trata?

Un 90% de los pacientes con tratamiento desarrollan una actividad diaria normal. No existen estudios de calidad suficiente que permitan establecer el mejor tratamiento de la EM (Thorp, 2000). Se recomienda que los tratamientos se realicen de forma escalonada. Se debe valorar la edad del paciente y su estado general, el grado de función vestibular y el nivel de audición en cada paciente.

Evitar conducir vehículos, manejar maquinaria peligrosa, nadar o realizar trabajos peligrosos en los períodos de crisis agudas hasta que la situación clínica lo permita. Animar al paciente a que se mueva y realice lo antes posible su actividad cotidiana para promover la compensación central. Recomendarle que disponga de la medicación para las crisis agudas (CKS, 2008). Valorar la repercusión del acúfeno.

El tratamiento médico se puede dividir en:

Tratamiento para la crisis aguda (CKS, 2008)

Ninguna medicación se ha mostrado superior para el control de los síntomas agudos y la única diferencia entre ellas son los efectos secundarios (BNF 53, 2007).

Tratamiento para las crisis recurrentes

En aquellos pacientes en los que no se pueden controlar los síntomas con el tratamiento médico, se pueden llevar a cabo tratamientos intervencionistas que se clasifican en:

 ¿Cuándo derivar al ORL?
 Algoritmo de manejo

Aviso a pacientes o familiares:
La información de este sitio está dirigido a profesionales de atención primaria. Su contenido no debe usarse para diagnosticar o tratar problema alguno. Si tiene o sospecha la existencia de un problema de salud, imprima este documento y consulte a su médico de cabecera.
  Bibliografía
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