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Introducción |
Cada vez es más frecuente que lleguen a nuestras manos documentos denominados Guías de Práctica Clínica (GPC), pudiendo observarse una gran variabilidad en el desarrollo de su metodología e incluso en las recomendaciones propuestas, lo que puede crear desconfianza en un instrumento entre cuyos objetivos se encuentra la mejora en las estrategias de la toma de decisiones y disminuir la variabilidad interprofesional 1.
Como profesionales sanitarios desearíamos disponer de GPC
en las que tuviésemos confianza de que se han evitado los
sesgos potenciales producidos en su desarrollo, las
recomendaciones tuvieran validez interna y externa y fuesen
útiles en la práctica, que no es más que la definición de
una GPC de calidad 1,2.
Tanto en nuestro país como en otros, se han llevado a cabo
estudios para conocer si las GPC publicadas cumplen estos
requisitos mínimos 3-5, obteniéndose resultados en los que se demuestra una baja calidad de las mismas, lo cual sin duda viene corroborado por el hecho de que, a pesar de ser una herramienta sumamente útil para la toma de decisiones clínicas, su aceptación por parte de la profesión sanitaria sigue siendo escasa y la implantación de las mismas también.
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¿Por qué la necesidad de un instrumento de evaluación? |
Como se hace constar en el tema anterior, para la mayoría de la profesión sanitaria, conocer los criterios mínimos de calidad de una GPC y como localizarlos es suficiente para reconocer aquellas que deben valorarse y utilizarse, como se hace constar en el tema anterior. Además, sabemos que buscando GPC en organizaciones de prestigio en la elaboración, evaluación y recopilación de las mismas nos van a aportar unos documentos de calidad. Ello es posible gracias a que en su diseño, dichas organizaciones disponen de instrumentos propios que evalúan estas características, previas a su publicación.
Sin embargo, lo mismo que en otras áreas de
la Medicina
, parece lógico pensar que debería tenderse a utilizar un instrumento único de medida de calidad de GPC que fuese válido para este objetivo.
En el año 1998 comienza una colaboración internacional entre 13 países (Appraisal of Guidelines, Research and Evaluation Colaboration (AGREE)) cuyos objetivos eran:
- Desarrollar criterios comunes para la elaboración de GPC
- Definir cuales deberían ser los criterios de calidad que deberían cumplir las GPC
- Establecer un modelo de evaluación y monitorización de dichos criterios de calidad
- Promover la difusión de estos criterios entre los miembros participantes y demás Comunidad Científica, favoreciendo las colaboraciones internacionales.
Teniendo en cuenta estos objetivos se desarrolló el denominado Instrumento AGREE,
para el que, tras analizar cuales eran los componentes claves para
determinar si una GPC era válida, se desarrolló una versión inicial
validada con 100 GPC de los países participantes, que fueron evaluadas
por 194 evaluadores. La versión final, que consta de 23 ítems agrupados
en 6 áreas, fue finalmente validada con 33 GPC y otros 70 evaluadores 6.
En el momento actual sólo existe otra escala validada que valora la calidad de las GPC (Shaneyfelt
et al.) 7, pero un estudio comparativo
entre estos dos instrumentos 8 demuestra que el instrumento AGREE,
además de ser el que en este momento cuenta con mayor aceptación y
presenta un formato más manejable, consigue realizar una agrupación de
criterios más clara y completa, aunque quedan poco representados los
aspectos relacionados con la implantación. Así mismo se ha realizado su
traducción
validada a otros idiomas diferentes al inglés, entre ellos el español 9. El Instrumento AGREE
facilita una evaluación genérica y ha demostrado que puede ser utilizado
en cualquier tipo de GPC, independientemente del tema del que trate, de
si son nuevas, ya existentes o actualizaciones, en soporte papel o
electrónico, y por cualquier profesional sanitario, gestores o pacientes 6,10.
De ésta forma se consigue:
- Aportar un instrumento sistemático de evaluación de la calidad de las GPC, con lo cual el profesional que las utilice puede tener confianza en sus recomendaciones.
- Los grupos elaboradores y difusores de GPC pueden seguir una metodología estructurada para garantizar dicha calidad.
- Los Sistemas Sanitarios de Salud y sus gestores pueden evaluar aquellas GPC de interés para su implementación y adopción de recomendaciones, partiendo de GPC de calidad.
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| Puntos
clave |
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Sería muy deseable disponer de GPC de
calidad en las que tuviésemos la confianza
de que se han evitado los sesgos potenciales
producidos en su desarrollo, las
recomendaciones fueran válidas y útiles en
la práctica. |
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Parece lógico pensar que debería tenderse a
utilizar un instrumento único y válido de
medida de calidad de GPC. Con este fin en 1998 comenzó una colaboración internacional entre 13 países: Appraisal of Guidelines, Research and Evaluation Colaboration (AGREE)
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El Instrumento AGREE facilita una evaluación
genérica y ha demostrado que puede ser
utilizado en cualquier tipo de GPC,
independientemente del tema del que trate,
de si son nuevas, ya existentes o
actualizaciones, en soporte papel o
electrónico, y por cualquier profesional
sanitario, gestores o pacientes
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El instrumento AGREE para la valoración de la calidad de una GPC consta de 23 ítems claves agrupados en 6 áreas, cada una de las cuales pretende obtener información de un aspecto diferente con relación a la calidad de las mismas. Los criterios se evalúan en una escala de Likert
de 4 puntos. Las puntuaciones de las 6 áreas
son independientes y no se pueden sumar para
obtener un “valor de calidad” de la guía,
aunque permite la comparación entre varias
guías en cada área concreta >>> |
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Al final de la evaluación existe un apartado
para una evaluación global que, aunque
subjetiva, debe tener en cuenta no sólo el
rigor científico del proceso de elaboración,
sino también las consideraciones prácticas
de su aplicación >>> |
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