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 Guías Clínicas - Artritis reumatoide
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30/08/2007 - Guías Clínicas 2007; 7 (29).

Autores:
Mercedes Freire González (1)
Jenaro Graña Gil (1)
Fausto Galdo Fernández (1)
Antonio Atanes Sandoval. (1)
Francisco Javier Blanco García (1)
Luis Fernández Sueiro (1)
José A. Pinto Tasende (1)
J. Carlos Fernández López (1)
Manuel Acasuso Diaz (2)
Fe Maria Rodríguez Nuñez (3)
Alberto Miranda Filloy (1)
Natividad Orebro Villar (1)
Alejandro San Martín Álvarez (1)
Información:
Elaborada con  opinión de médicos y revisión  posterior por colegas.

Conflicto de intereses: Ninguno declarado.



(1) Servicio de Reumatología del Hospital Universitario de A Coruña - SERGAS - A Coruña.
(2) Centro de Salud San José-SERGAS- A Coruña.
(3) USP Hospital Santa Teresa- A Coruña
Especialistas en Reumatología

   Tabla de contenidos:
Indice
¿De qué hablamos?
¿Cómo se diagnostica?
Clasificación de la artritis reumatoide
Evaluación inicial
Estudios complementarios
Cuantificación de la actividad
Marcadores de mal pronóstico
¿Cómo se trata?
Medicamentos utilizados
Tabla resumen de los medicamentos disponibles
Bibliografía
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 Puntos clave
La Artritis Reumatoide es una poliartritis crónica simétrica y erosiva que debe sospecharse en pacientes mayores de 16 años que presenten inflamación articular o derrame articular durante más de 6 semanas, de 3 ó más articulaciones, preferentemente de pies y manos.
El diagnóstico es clínico. En el momento actual, los únicos criterios diagnósticos de AR aceptados y utilizados universalmente son los propuestos por el Colegio Americano de Reumatología (ACR) en 1987 para la clasificación de la enfermedad 
La evaluación de la actividad de la AR se apoya en la valoración de un conjunto de parámetros que incluyen: dolor e inflamación articular, dolor global evaluado por el paciente, afectación global de la enfermedad efectuada por el médico y el paciente, capacidad funcional física, reactantes de fase aguda y evaluación del daño radiológico
Los síntomas deben de controlarse con analgésicos, AINE y/o corticoides (mínima dosis eficaz).
El tratamiento de la AR debe dirigirse a disminuir la actividad inflamatoria, evitar la progresión de la lesión articular y sus consecuencias. El objetivo ideal del tratamiento de la AR es conseguir la remisión de la enfermedad u obtener el mejor control posible de la actividad. Se debe prestar especial atención a los enfermos con un diagnóstico reciente de AR, para instaurar un tratamiento con fármacos modificadores de la evolución de la enfermedad (FAME) lo antes posible con el fin de evitar su progresión.
Los FAME más relevantes atendiendo a su rapidez de acción, eficacia clínica, influencia sobre la evolución de las lesiones radiográficas y tolerancia son el Metotrexato, la sulfasalazina y la Leflunomida.
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 ¿De qué hablamos?

La Artritis Reumatoide (AR) es una poliartritis crónica simétrica y erosiva que debe sospecharse en pacientes mayores de 16 años que presenten inflamación articular o derrame articular durante más de 6 semanas, de 3 ó más articulaciones, preferentemente de pies y manos. Incluso con tratamiento correcto puede presentar manifestaciones extraarticulares ("sistémicas") que consisten principalmente en: amiloidosis, anemia, complicaciones cardiológicas (pericarditis, miocarditis), osteoporosis, complicaciones neumológicas (afectación pleural, nódulos reumatoides, fibrosis intersticial, bronquiolitis obliterante con neumonía organizativa), síndrome de Felty (esplenomegalia, leucopenia < 3.500/mm3 y neutropenia < 2.000/mm3), síndrome de Sjögren secundario y vasculitis (hemorragias en astilla periungueales, púrpura palpable, poliarteritis nodos

Los nuevos tratamientos de la AR y el mejor conocimiento de su etiopatogenia permiten considerarla una enfermedad sistémica grave que tiene un tratamiento potencialmente muy eficiente.

 ¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico es clínico y se debe sospechar en pacientes mayores de 16 años que presenten tumefacción articular durante más de 6 semanas de 3 ó más articulaciones de las manos y los pies. En el momento actual, los únicos criterios diagnósticos de AR aceptados y utilizados universalmente son los propuestos por el Colegio Americano de Reumatología (ACR) en 1987 para la clasificación de la enfermedad

Según estos criterios, el diagnóstico de AR requiere la constatación de al menos cuatro de las siguientes manifestaciones:

 Clasificación de la Artritis reumatoide
  1. Artritis Reumatoide de inicio (ARI)
    No hay consenso sobre el tiempo de evolución que define la AR "de inicio", "temprana", "precoz", etc. Podemos considerar "AR de inicio" aquella que se encuentra dentro de los 2 primeros años de evolución.
  2. Artritis Reumatoide Grave/Leve
    Las dos características que más influyen en la categorización inicial entre enfermedad grave y enfermedad leve, y por tanto en la decisión terapéutica, son la presencia o no de erosiones y el número de articulaciones tumefactas. Esta clasificación puede aumentar su precisión si se tienen en cuenta otros factores como los reactantes de fase aguda (RFA ), autocuestionario de salud para AR (HAQ ) y Factor Reumatoide (FR).
  3. Artritis Reumatoide "quemada" o en estadio final
    Se entiende por AR "quemada" o en estadio final aquella AR que no tiene actividad inflamatoria y presenta una destrucción completa o prácticamente completa de las articulaciones del paciente. Clínicamente se caracteriza por dolor articular ante mínimos esfuerzos o en reposo, deformidades articulares, atrofia muscular importante, gran incapacidad funcional y demostración radiográfica de importante destrucción articular (erosiones, subluxaciones y anquilosis)
  4. Artritis Reumatoide Pseudopolimiálgica
    Se entiende por AR pseudopolimiálgica a la enfermedad que aparece en pacientes mayores de 60 años y que se caracteriza por el comienzo brusco de los síntomas, que afectan fundamentalmente a articulaciones proximales (hombros y caderas), así como a rodillas y carpos. Se acompaña de importante rigidez matinal, FR negativo y un aumento marcado de los reactantes de fase aguda. No suele desarrollar erosiones y en general el pronóstico es bueno, pudiendo remitir espontáneamente en 6-24 meses.
 Evaluación inicial

Debe incluir una historia clínica y una exploración física. En la historia clínica se recogerán antecedentes familiares y personales, datos socio-demográficos y situación socio-laboral, comorbilidad, así como historia de la enfermedad, tratamientos previos y concomitantes, y manifestaciones extrarticulares.

Se hará una exploración física sistemática habitual (tensión arterial, peso y talla) y la articular, en la que se evaluará el número de articulaciones dolorosas e inflamadas, el dolor global evaluado por el paciente con una escala visual analógica de 10 cm (EVA ) y la afectación global de la enfermedad según el médico y el paciente también evaluados con la EVA. Se realizará además un test de capacidad funcional ( el más utilizado es el HAQ) y otro de calidad de vida, como el SF36

 Estudios complementarios

Se realizará una analítica de rutina con hemograma, bioquímica hepática y función renal y un sedimento de orina. Para valorar la actividad se determinará la VSG y la PCR y como pruebas inmunológicas el FR, los anticuerpos anti-peptidos citrulinados y los ANA.

Se solicitará serología de Hepatitis y la determinación de HLA DR1 y DR4.

Estas determinaciones son útiles en el seguimiento de la enfermedad, la detección precoz de complicaciones y los efectos secundarios del tratamiento.

La determinación de otras pruebas de laboratorio queda a criterio del médico que debe valorar en cada caso según antecedentes o comorbilidad asociada. En nuestro medio se recomienda la realización de la prueba de la tuberculina (Mantoux), con dos unidades de PPD, en caso de negatividad se repetirá en dos semanas (Booster), con dos unidades de PPD. En caso de tuberculosis latente (Mantoux positivo) se realizará tratamiento con isoniacida durante 9 meses (tratamientos biológicos) ó 6 meses (otros FAME o corticoides).

El estudio radiológico debe incluir radiografía de tórax, manos y pies en la evaluación inicial y se deben repetir anualmente las de las manos y pies durante al menos los 3 primeros años de la enfermedad.

Se debe realizar, si es posible, el análisis del liquido articular con recuento celular así como el estudio de cristales al microscopio óptico de luz polarizada y cultivo en el caso de una monoartritis.

 Cuantificación de la actividad

La evaluación de la actividad de la AR se apoya en la valoración de un conjunto de parámetros que incluyen: dolor e inflamación articular, dolor global evaluado por el paciente, afectación global de la enfermedad efectuada por el médico y el paciente, capacidad funcional física, reactantes de fase aguda y evaluación del daño radiológico.

Evaluación del número de articulaciones dolorosas y tumefactas. Se realiza con métodos validados, se recomienda el índice completo basado en la exploración de 68 articulaciones para el dolor y 66 para la tumefacción (excluye caderas). Otros índices como el de 28 articulaciones excluyen las articulaciones de los pies y los tobillos, que se afectan en más del 50% de los pacientes

Dolor global evaluado por el paciente. Se hará utilizando la EVA, dividida en segmentos iguales de 1 cm., donde 0 es nada de dolor y 10 es el máximo dolor.

Evaluación global de la enfermedad desde el punto de vista del médico y el paciente. Utiliza la EVA Su evaluación puede diferir bastante, ya que es muy sensible a los cambios clínicos

Para medir la capacidad funcional física basada en la movilidad articular o en la capacidad para realizar determinadas actividades, se utilizan cuestionarios validados como el HAQ, que evalúa la discapacidad para realizar diversas actividades agrupadas en 8 áreas: vestirse y asearse, levantarse, comer, caminar y pasear, higiene personal, alcanzar, prensión y otras. Se puntúa de 0 a 3 (0 sin dificultad, 1 con alguna dificultad, 2 con mucha dificultad y 3 incapacidad para hacerlo). Hay que hallar la media de los 8 valores correspondientes a las 8 áreas. La puntuación directa puede oscilar entre 0 (no incapacidad) y 3 (máxima incapacidad).

Como pruebas de laboratorio para valorar la actividad contamos con los reactantes de fase aguda como la VSG y la PCR. Sus niveles están asociados a la intensidad de la inflamación subyacente. Niveles elevados sobre todo de la PCR mantenidos a lo largo del tiempo se relacionaron con peor pronóstico de la enfermedad.

La utilización de índices que incluyen varios parámetros es un instrumento útil para la evaluación de la actividad de la AR. El DAS (Disease Activity Score) es el más utilizado en la práctica clínica e incluye el número de articulaciones dolorosas sobre 44 (Índice de Ritchie), número de articulaciones tumefactas, velocidad de sedimentación globular y evaluación de la actividad global de la enfermedad por el paciente, en una escala analógica visual (EVA) de 10 cm en donde "0" muy bien y "10" muy mal. El cálculo del DAS se realiza según la fórmula siguiente:

  DAS= 0,54(vIR) + 0,065 (NAT 44) + 0,33 (ln VSG) + 0,0072 (EVA)

Existe un DAS modificado basado en el recuento de 28 articulaciones:

  DAS 28=0,56 (vNAD28) + 0,28 (vNAT28) + 0,70 (ln VSG) + 0,014 (EVA)
  IR= Índice de Ritchie
  NAT= Número de articulaciones tumefactas

 Marcadores de mal pronóstico

El pronóstico de la AR es muy variable, por lo que la evaluación inicial y posterior de estos enfermos debe incluir una estimación del pronóstico, con el fin de decidir sobre la utilización de tratamientos agresivos de forma precoz. Los factores predictivos de enfermedad grave son:

  1. Factores sociodemográficos
  2. Factores dependientes de la enfermedad
  3. Factores dependientes del tratamiento
  ¿Cómo se trata?

Los síntomas deben de controlarse con analgésicos, AINE y/o corticoides (mínima dosis eficaz).

El tratamiento de la AR debe dirigirse a disminuir la actividad inflamatoria, evitar la progresión de la lesión articular y sus consecuencias. El objetivo ideal del tratamiento de la AR es conseguir la remisión de la enfermedad u obtener el mejor control posible de la actividad. Se debe prestar especial atención a los enfermos con un diagnóstico reciente de AR, para instaurar un tratamiento con fármacos modificadores de la evolución de la enfermedad (FAME) lo antes posible con el fin de evitar su progresión.

La confirmación diagnóstica y el inicio del tratamiento debe realizarlo un reumatólogo. El médico de familia tiene un papel relevante en la continuación y vigilancia de la seguridad del tratamiento.

Los FAME más relevantes atendiendo a su rapidez de acción, eficacia clínica, influencia sobre la evolución de las lesiones radiográficas y tolerancia son el Metotrexato (MTX), la sulfasalazina (SSZ) y la Leflunomida (LFN)

Se recomiendan las siguientes pautas para conseguir el objetivo terapéutico

Si estos fármacos resultan efectivos debe continuarse el tratamiento durante años, aunque ajustando las dosis. Si con estos fármacos en monoterapia no se consigue el objetivo terapéutico el siguiente paso es utilizar una combinación de ellos.

Finalmente, si persiste la actividad se iniciaría una terapia biológica.

Antes de considerar fracasado un agente se pueden ensayar varias asociaciones que han demostrado eficacia en ensayos clínicos: MTX/HCQ, MTX/Leflunomida, MTX/HCQ/SSZ. La elección de una u otra asociación dependerá de la experiencia del reumatólogo y la respuesta individual de cada paciente.

Los agentes biológicos (aTNF: Infliximab, Etanercept y Adalimumab; aIL1: AnakinRa) se utilizarán en la AR refractaria a 2 de 3 FAME (MTX, SSZ, LFN) solos o combinados. Uno de ellos debe ser el MTX.

En todos los casos debe hacerse una valoración de la respuesta terapéutica a los 3-4 meses. El objetivo Terapéutico es conseguir la remisión o el control de la actividad de la enfermedad:

DAS 28 < 3,2 o máximo 5 articulaciones tumefactas o dolorosas

Si no se alcanza el objetivo terapéutico se harán cambios en el tratamiento:

  Medicamentos Utilizados

  1. Ciclofosfamida
    Es un inmunosupresor citotóxico (agente alquilante), en general se usa para el tratamiento de la vasculitis reumatoide en ciclos IV de 0,4-1 gr/m2 o bien oral a dosis 1,5-2 mg /kg /día. Se ha de realizar un hemograma cada 2 semanas y con los cambios de dosis, luego cada 3 meses, así como un sedimento cada 6 meses por el riesgo de neutropenia y cistitis hemorrágica, respectivamente. Puede producir náuseas, vómitos, alopecia reversible, amenorrea, infertilidad transitoria y trastornos linfoproliferativos.
     
  2. Terapia biológica
    Siguiendo las recomendaciones del consenso de la Sociedad Española de Reumatología (SER) es necesario antes de comenzar estas terapias, que el paciente haya recibido al menos un fármaco modificador de la evolución de la enfermedad (FAME), de los considerados más relevantes. Se considera que son candidatos a terapia biológica aquellos pacientes que hayan fracasado al menos a un fármaco, siendo uno de ellos el Metotrexato en monoterapia o combinado, que no hayan conseguido objetivo terapéutico, o bien que algún fármaco se haya tenido que suspender por toxicidad/ intolerancia.

    Una vez que el paciente ha sido tratado con FAME y no se ha alcanzado objetivo terapéutico, se recomienda iniciar con terapia biológica, que puede ser de 3 tipos:
     

    1. Antagonistas del TNF:
      1. Infliximab. Es un anticuerpo quimérico IgG1 anti TNFa. Se une a la porción soluble y a la porción unida a la membrana del TNFa, impidiendo la unión de este a su receptor. La dosis habitual para la Artritis Reumatoide es de 3 mg/Kg de peso, intravenoso, cada 8 semanas. En caso de ineficacia puede aumentarse hasta 10 mg/Kg o disminuir el intervalo entre dosis a 4-6 semanas.
      2. Adalimumab. Es un anticuerpo monoclonal recombinante humano tipo IgG1, que se une al TNFa, impide que esta citoquina se una a sus receptores y destruye las células que expresan TNFa en su superficie. Se administran  40 mg subcutáneo bisemanal.
      3. Etanercept. Es una proteína de fusión con el receptor soluble del TNF, se une tanto al TNFa como al TNFb impidiendo que interactúen con sus receptores. La dosis habitual es de 25 mg dos veces por semana, pero un dosis de 50 mg semanal es tan efectiva como la pauta convencional.
    2. Antagonista del receptor de la Interleuquina-1:
      1. Anakinra. Es una forma recombinante del antagonista del receptor humano de la interleukina-1, cuya diana es el receptor tipo I de la interleukina-1. Se administra diariamente 100 mg subcutánea.
    3. Anticuerpo quimérico anti células B CD 20 (+)
      1. Rituximab. Anticuerpo quimérico específico de una molécula de superficie específica de las células B (CD 20), es una terapia dirigida a las células B induciendo depleción del 100% de estas células. Se administran dos dosis de 1 gr separadas por 15 días, con premedicación de 100 mg de metilprednisolona. Se valora la eficacia a las 24 semanas pudiendo retratar si el paciente está en actividad.
  Tabla resumen de los medicamentos disponibles

Medicamento

Monitorización seguridad

Cuidados
Cloroquina e Hidroxicloroquina
  • Analítica inicial y anual, incluyendo hemograma, función hepática y renal, sistemático de orina.
  • Control oftalmológico inicial y cada seis meses.
Actuaciones especiales según resultado de las pruebas
Sales de Oro Analítica con hemograma, función hepato-renal y orina con proteinuria. Inicialmente cada 15-30 días, después cada 2-3 meses Control previo de proteinuria por parte del paciente

Metotrexato

Monitorización de hemograma y función hepato-renal mensual al inicio y posteriormente bimensual

Evitar consumo alcohólico
Evitar el embarazo
Se asociará Ac Fólico en caso de macrocitosis

Leflunomida Monitorización de hemograma y función hepato-renal mensual los 6 primeros meses y posteriormente bimensual Control de TA
Contraindicación de embarazo y lactancia

Ciclosporina

Monitorización de hemograma y función renal mensual al inicio y posteriormente bimensual

Control de TA
Monitorización de niveles plasmáticos

Citotóxicos (Clorambucil, Azatioprina y Ciclofosfamida)

Monitorización de hemograma y función hepato-renal mensual al inicio y posteriormente bimensual

Contraindicación absoluta del embarazo y lactancia
Líquidos orales abundantes (2 litros diarios)

 
  Criterios de respuesta al tratamiento

El objetivo del tratamiento de la AR es conseguir la remisión de la enfermedad.

Existen 2 propuestas sobre CRITERIOS DE REMISIÓN clínica. No hay consenso definitivo para eliminar una de las opciones. Es más cómodo el sistema EULAR con el DAS reducido, pero el sistema ACR da más información, a veces crucial, como la afectación de los pies.

Los CRITERIOS DE RESPUESTA deben tener en cuenta el cambio en la actividad de la enfermedad así como su grado de actividad actual. Hablaremos de respuesta satisfactoria cuando se obtenga una remisión completa de la enfermedad o una respuesta suficiente. Y respuesta insatisfactoria cuando haya ausencia completa de mejoría.

Describiremos 2 sistemas de criterios de respuesta:


Aviso a pacientes o familiares:
La información de este sitio está dirigido a profesionales de atención primaria. Su contenido no debe usarse para diagnosticar o tratar problema alguno. Si tiene o sospecha la existencia de un problema de salud, imprima este documento y consulte a su médico de cabecera.
  Bibliografía
  • American College of Rheumatology Ad Hoc. Committee on Clinical Guideline. Guideline for monitoring drug therapy in rheumatoid arthritis. Arthritis Rheum 1996; 39 (5):723-31. [Texto completo]
  • American College of Rheumatology. Guidelines for the Management of Rheumatoid Arthritis 2002 Update. Arthritis Rheum. 2002; 46:328-346. [Texto completo]
  • GUIPCAR. Guía de práctica clínica para el manejo de la Artritis Reumatoide. Sociedad Española de Reumatología (SER); 2007. [Texto completo]
  • Rodríguez-Valverde V, Cáliz-Cáliz R, Álvaro-Gracia JM, Marenco de la Fuente AJL, Mulero Mendoza J, Tornero Molina J et al. III Actualización del Consenso de la Sociedad Española de Reumatología sobre terapia biológica en la artritis reumatoide. Reumat Clin 2006; 2 (Nº extra 2):52-59 [Texto completo]
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