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 Formación - Bioética
 Ética de las empresas sanitarias  Mapa    Buscador Avanzado
 
Autores:  

Ana Mª Costa Alcaraz y Carlos Almendro Padilla
Médicos de Familia. 
 

Actualizada el 09/11/2007.

 Tabla de contenidos:  
  Índice
viñeta ¿Existe una ética de las empresas?
viñeta ¿Cómo tendría que ser una empresa sanitaria que planificase con criterios éticos?
viñeta ¿El valor fundamental a compartir entre la institución sanitaria y los profesionales es el reconocimiento de la salud del paciente como eje del sistema?
viñeta ¿Cómo se concreta en la experiencia diaria?
viñeta ¿Cómo se afecta la ética profesional cuando se dedica toda la jornada laboral a la asistencia, renunciando al tiempo de formación, de docencia, de investigación, de visitas programadas a domicilio y de actividades preventivas?
viñeta ¿Qué implicaciones éticas se derivan de poner un tope en las consultas diarias, para poder dedicar algo de tiempo a cualquiera de las otras actividades? ¿Cuál de las otras actividades se prioriza?
viñeta ¿Qué consecuencias éticas se derivan de poner un tope en las consultas diarias, tal que permita dedicar tiempo a todas las restantes actividades?
viñeta ¿En qué casos la empresa sanitaria deshumaniza la medicina?
viñeta Comentarios
viñeta Bibliografía
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  Casos prácticos: Ética de las organizaciones
  Cuestionario de autoevaluación

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 Más en la Red
  Fundación ÉTNOR (para la Ética de los negocios y las organizaciones)
 
 

 

 El médico que pertenece a una empresa tiene una capacidad de actuación limitada a la hora de actuar con criterios éticos, si éstos no son compartidos por la propia institución sanitaria. ¿Existe una ética de las empresas?

 
 Puntos clave
Hace algo más de una década las grandes empresas, buscando algo que, a igualdad de calidad y de precio, hiciera más atractivos sus productos, llegaron al convencimiento de que la identificación explícita con valores éticos podía ser el punto que marcara la diferencia. Empezó, con ello, lo que ahora se denomina la dirección por valores (values based management), dentro de la Ética de la empresa (Business Ethics). [¿Quieres saber más?]
Por supuesto que existe, aunque la reflexión en ese campo se inició hace relativamente poco. El mundo de los negocios se ha desarrollado, desde sus comienzos, en torno a las teorías positivistas de Comte, centrando el análisis de la realidad en los hechos e ignorando el campo de los valores. Durante mucho tiempo, como señaló McIntyre (1984), los gestores y empresarios se vieron a sí mismos como dedicados a una actividad moralmente neutra. Ha sido buscada la eficiencia en las actividades empresariales, sin tener en cuenta los fines que se pretendían con dicha eficiencia, o los medios para conseguirla. Hace algo más de una década surgió la reflexión sobre ética de las organizaciones, a partir de la competitividad entre las grandes empresas. Éstas, buscando algo que, a igualdad de calidad y de precio, hiciera más atractivos sus productos, llegaron al convencimiento de que la identificación explícita con valores éticos podía ser el punto que marcara la diferencia. Empezó, con ello, lo que ahora se denomina la dirección por valores (values based management), dentro de la Ética de la empresa (Business Ethics).

¿Quieres saber más sobre dirección por valores?

En estos momentos, la política sanitaria no siempre se planifica con criterios éticos. Los propios médicos, muchas veces, nos encontramos en tensión entre dos estilos de ejercicio, uno gobernado por los valores y su concreción en las normas morales de compromiso con el paciente, y otro dictado por criterios políticos economicistas, o incluso por los propios intereses egoístas o corporativos, que se concretan en normas de gestión ajenas al mundo de los valores.

¿Quieres saber más sobre medicina gestionada?





 El sistema en el que el médico desempeña su profesión puede orientarle hacia el bien intrínseco de la misma o, al contrario, reforzar las actitudes de desvalorización profesional ¿Cómo tendría que ser una empresa sanitaria que planificase con criterios éticos?
 
Gestión sanitaria y práctica de la medicina tendrían que verse siempre como dos niveles complementarios de actuación. Su nexo de unión está en la identidad que proporcionan los valores compartidos por ambos mundos

Es evidente que las consecuencias de una empresa sanitaria sin referentes éticos nunca son neutras, al contrario de lo que se ha defendido durante mucho tiempo. En el terreno de nuestra profesión, por efecto paradójico, los facultativos que son resolutivos se encuentran con que les consultan más, hasta un punto que puede llegar a la saturación. En primer lugar, porque los propios pacientes tienen expectativas favorables y plantean problemas nuevos. En segundo, porque nuevos pacientes lo eligen como médico responsable. Pero no siempre ante un exceso mantenido de trabajo de los médicos, los responsables de la gestión toman medidas correctoras para mejorar sus condiciones laborales. Así que, el médico que se esfuerza por hacerlo bien, mejora la eficiencia del sistema, pero satura su propia capacidad. Si cuando solicita limitación en la población asignada, se encuentra con ausencia de respuesta por parte de los cargos directivos, ¿no podría llegar un momento en el que dicho médico, por cuestiones de supervivencia, empiece a ver como una amenaza el que nuevos pacientes quieran consultarle? ¿Y no entra eso en contradicción con lo que definimos como bien intrínseco de la profesión? Hay muchas cuestiones, enlazadas con el mundo de los valores que, en nuestro entorno profesional, pueden actuar motivando o desmotivando. En el momento actual, resulta evidente la necesidad de establecer un límite en la población y en el número de consultas diarias atendidas por cada médico, para garantizar el ejercicio de la medicina centrada en el paciente. Gestión sanitaria y práctica de la medicina tendrían que verse siempre como dos niveles complementarios de actuación. Su nexo de unión está en tener, como guía de actuación común, la identidad que proporcionan los valores compartidos.

¿Se podría afirmar que el valor fundamental que tendrían que compartir la institución sanitaria y los profesionales que en ella trabajan es el reconocimiento de la salud del paciente como eje del sistema?
 
Si el sistema sanitario quiere centrarse en el bien intrínseco de la medicina, que es mejorar la salud de las personas, un objetivo prioritario tendrá que ser la humanización de la asistencia frente a la cosificación de la misma a la que abocan ciertos criterios de gestión que ignoran el mundo de la ética

El paciente como eje del sistema sanitario es el valor que constituye la meta de la sanidad. Pero hay otros posibles factores que pueden estar modulando, implícitamente, la práctica cotidiana. Si no se identifican mediante la reflexión conjunta, incidirán de forma subterránea y, por tanto incontrolable, en gestores y profesionales, desviándoles de la meta.

En estos momentos ya nadie pone en duda la realidad del mundo de los valores también en las empresas. Por tanto, parece recomendable suscitar una reflexión que culmine con la manifestación explícita de los mismos para orientar, posteriormente, la actividad institucional hacia ellos. Si el sistema sanitario está centrado en conseguir la salud del paciente, un objetivo prioritario tendrá que ser la humanización de la asistencia frente a la cosificación de la misma a la que abocan algunos criterios de gestión que ignoran el mundo de la ética.

Está bien el principio de humanizar la medicina para orientar la actividad del sistema en torno al valor central que es la salud del paciente pero ¿eso cómo se concreta en la experiencia diaria?

En la empresa sanitaria existen dos tipos de clientes. El externo que es cualquier ciudadano y el interno que son los profesionales que trabajan en dicha empresa. Humanizar la medicina exige que todas las personas que forman parte del sistema sanitario, clientes externos e internos, sean tratadas con dignidad.

 
Humanizar la medicina exige que los clientes externos del sistema sanitario, los pacientes, se sientan tratados como personas y que los clientes internos, los componentes del equipo sanitario, puedan ejercer su profesión dignamente y con garantía de calidad

Humanizar la atención al cliente externo consiste en que el paciente se sienta tratado con persona, más que como caso clínico. Para conseguir esto es imprescindible crear un clima en el que se pueda establecer una buena comunicación. Si la comunicación es adecuada en su fondo y fluida en la forma, se estarán dando las condiciones óptimas tanto para conocer las preferencias del paciente respecto a su problema de salud, cuanto para transmitirle una información comprensible, técnicamente actualizada y no sesgada. Eso es imposible de conseguir si la organización no garantiza las condiciones mínimas para la relación médico-paciente.

En cuanto al cliente interno, el profesional, es imposible que tenga la sensación de ser tratado como persona si no percibe respeto a su actividad. Bueno, pues un respeto previo a todos los demás es el proporcionarle condiciones de espacio físico y características de población asignada tales que le permitan un ejercicio ajustado a su cualificación y con un mínimo de calidad. Solo en ese caso se está facilitando que la actividad profesional se oriente hacia su bien intrínseco. En cualquier otro caso, aunque es posible que se esté mejorando la eficiencia del sistema, se potencia la fatiga mental de los profesionales y se desvaloriza su actividad, así que, cuando no se cumple este reconocimiento previo, se está deshumanizando la medicina en relación al cliente interno que es el profesional.

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