La gripe es una enfermedad causada por el virus del mismo nombre, contagiosa, que se presenta en brotes epidémicos y se caracteriza por fiebre, dolor de cabeza, dolor de garganta, tos, dolores musculares y articulares, cansancio y malestar general.
La gripe suele evolucionar hacia la curación de forma espontánea, pero en personas con disminución de las defensas (personas mayores, pacientes trasplantados, pacientes con SIDA, cáncer y con enfermedades crónicas como diabetes y problemas cardíacos o renales) o con problemas pulmonares crónicos puede producir complicaciones graves (neumonía, desestabilización de su enfermedad crónica, crisis cardiacas) con una importante aumento de la mortalidad.
Se contagia a través del aire a partir de individuos enfermos cuando estornudan o tosen.
En los países del hemisferio norte, como España, aparece en forma de epidemias todos los otoños-inviernos.
La vacunación anual frente a la gripe ha demostrado ser la medida preventiva más eficaz para disminuir la frecuencia de aparición de la enfermedad, de las complicaciones asociadas, e incluso para evitar el exceso de mortalidad asociada, entre los grupos de riesgo mencionados. Por ello está recomendada por todas las organizaciones sanitarias y asociaciones científicas.
En España están comercializados distintos tipos de vacuna, de virus inactivados o vivos atenuados y adaptados, cultivadas en células de embrión de pollo o en cultivos celulares y que se aplican por inyección intramuscular o intradérmica. Cada vacuna presenta diferentes indicaciones según el grupo de edad o el riesgo de cada paciente por lo que es el médico de cabecera quién indicará qué vacuna es la adecuada en cada caso. En pacientes tratamiento con anticoagulantes o con enfermedades que comprometen la coagulación suele ser preferible no utilizar la vía intramuscular. En estos casos se recomienda sustituir la vía intramuscular por la vía subcutánea. |
Las reacciones locales (dolor, enrojecimiento) y la fiebre son los problemas producidos con mayor frecuencia. Las reacciones tardías suelen desaparecer espontáneamente en 1 ó 2 días y normalmente no precisan ningún tipo de tratamiento, aunque puede administrarse tratamiento sintomático para aliviar los síntomas si éstos representan una molestia para el paciente.
Muy raramente se producen otras reacciones más graves de tipo alérgico, posiblemente debidas a las proteínas del huevo que puede contener la vacuna y que requieren un tratamiento médico inmediato.
Las vacunas utilizadas habitualmente en las campañas de vacunación se preparan con virus inactivados (muertos), por lo que no pueden causar ninguna enfermedad ni mucho menos la gripe. |