Actualizada el
13/06/2007.
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| Acerca de
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Elaborada por
médicos con revisión posterior por colegas.
La información contenida en este folleto está basada en las Guías Clínicas de Fisterra y otras
fuentes fiables.
Conflicto de intereses: Ninguno
declarado.
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Metodología de elaboración |
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Información para pacientes sobre el
Duelo |
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| ¿Qué es el duelo? |
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Llamamos duelo a la reacción adaptativa
ante la perdida de un ser querido. Es un acontecimiento
vital estresante de primer orden, considerándose que la
muerte de un hijo o del cónyuge es la situación más
estresante a la que el ser humano puede estar sometido.
Este proceso de incorporar a la vida cotidiana, la ausencia
definitiva de un ser querido, está claramente influído por
la cultura, las creencias y las reglas sociais.
Durante este período, la persona debe
liberarse de los lazos con la persona fallecida, readaptarse
a la vida cotidiana sin esa persona, y establecer nuevas
relaciones; modificar sus roles e identidad, y redirigir sus
necesidades afectivas. Con frecuencia, se siente muy
cansada, física y psíquicamente.
Tras el periodo de agonía del enfermo,
y una vez superado el primer momento de shock y
consternación, se puede decidir que el duelo consta de tres
fases: |
- La urgencia de recuperar a la persona perdida.
- La desorganización y tristeza.
- La reorganización.
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| Las relaciones personales en la fase
final de la enfermedad |
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La comunicación enfermo-familia es
fundamental en todo el proceso evolutivo de la enfermedad.
Debe de facilitarse la comunicación de sentimientos, para
que el enfermo se sienta acompañado, y la familia inicie su
duelo anticipado, lo que le será posteriormente de gran
ayuda. Es conveniente que la familia incorpore la idea de
que el tiempo se acaba y lo tiene que aprovechar para
despedirse, para decir o hacer aquello que le gustaría a su
familiar, para que "no se quede en el tintero", y luego no
"pase factura" en el duelo.
Es importante que la familia se dé
cuenta de que, la “no comunicación”, no existe, y que
incluso cuando no hablamos con el enfermo de su enfermedad,
le estamos dando mucha información, a través del llanto a
escondidas, la cara de preocupación o sufrimiento de la
familia, los gestos no controlados, el cambio que observa en
el modo de comunicarse todos con él, en el miedo que
muestran a sus preguntas, el observar que no se cuenta con
él para el futuro, etc.
Hay que estimular en la familia una
actitud hacia el enfermo, más de escucha que de escape. No
deben de tener miedo a las preguntas y reacciones
emocionales del paciente. El enfermo siente necesidad de la
familia en todos los sentidos, incluido el emocional.
Hay actividades muy recomendables que
facilitan la comunicación con el enfermo, por ejemplo, ver
fotografías juntos, la lectura de algún texto de su agrado,
como novelas o libros religiosos, centrándose en los
elementos positivos de los recuerdos. Esto da un sentido a
su vida y le reconcilia con el pasado.
También es importante el contacto
físico con el enfermo, ya que es una posibilidad de
comunicar sentimientos, que muchas veces no se pueden
transmitir de otra forma (caricias, masajes, abrazos,
tomarlo en brazos, acostarse junto a él, etc.)
Al final cuando el enfermo está desorientado o
inconsciente, conviene seguir la comunicación con él,
tocarle, acariciarle, hablarle, situarle en la actividad de
la casa, horario, personas que le visitan, etc. |
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| Prepararse para la fase final de la
enfermedad de un ser querido: LA AGONIA. |
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La agonía es la fase de la enfermedad
que precede a la muerte. Es difícil decir cuándo se inicia
y cuánto va a durar, ya que hay tantas agonías como
enfermos. Se caracteriza por un deterioro físico evidente
del enfermo, de día en día: mayor debilidad, somnolencia, a
veces agitación, desorientación, desinterés, dejadez,
anorexia intensa y fallo orgánico. La mayor parte de las
muertes, se producen con un nivel de conciencia muy bajo
cercano al coma. Es rara una agonía con angustia. La
persona moribunda, por lo general, muestra mayor
tranquilidad, e incluso, una atenuación o cesación de las
molestias y dolores.
Esta fase crea una enorme angustia y, a veces, los
familiares se derrumban, ya no pueden más y están exhaustos.
Por esto es fundamental estar preparados, estar informados
de la posible evolución del proceso y de lo que pueden hacer,
hablar de todos sus miedos y dudas, de cómo actuar. La
familia debe de sentirse útil, saber qué hacer, en esta dura
fase que le espera. |
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| Preguntas mas habituales en la agonía. |
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¿Puede oírnos?: El paciente sí
puede oírnos. Por esto es importante estar con él, hablarle,
tener cuidado con lo que se dice. Es conveniente que la
habitación esté sin ruidos, y con poca gente acompañando.
¿Se da cuenta de lo que pasa?:
Normalmente no, aunque hay pacientes que están totalmente
conscientes hasta el último momento.
¿Le tenemos que dar de comer o de
beber?: El enfermo no siente hambre y no necesita comer,
a no ser que él lo solicite. Se le deben de dar líquidos en
pequeñas cantidades si está consciente, y si no, humedecer
la boca frecuentemente.
¿Le tenemos que seguir dando la
medicación?: Sí, se debe seguir con la medicación hasta
el final, por ejemplo, los analgésicos. Cuando no se pueda
usar la vía oral, se pueden dar por vía rectal o subcutánea.
¿Cuánto tiempo estará así?: No
lo sabemos con certeza, pero el final está cerca.
¿Qué pasa con los estertores?:
Se producen por acumulación de secreciones que el paciente
no tiene fuerzas para expulsar, no suponen un sufrimiento
para el paciente, como tampoco lo son las previsibles fases
de apnea (se para la respiración) posteriores.
¿Qué hacer cuando muera?: Llamar al médico para
certificar la muerte, y avisar a la funeraria. |
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Características del duelo |
-
Es un proceso dinámico y cambiante momento a momento ,
variable de persona a persona y entre familias, culturas,
sociedades,...
- Se relaciona siempre con maior riesgo de la aparición de
problemas de salud:
-
El riesgo de depresión en personas viudas, se multiplica por
cuatro durante el primer año.
-
Casi la mitad de las personas viudas presentan ansiedad
generalizada o crisis de angustia en el primer año.
-
Aumenta el abuso de alcohol y fármacos; la mitad de las
viudas utilizan algún psicofármaco en los 18 primeros meses
de duelo.
-
Entre un 10 y un 34 % de los dolientes desarrollan un duelo
patológico.
-
Aumenta el riesgo de muerte, principalmente por eventos
cardiacos y suicidio; los viudos tienen un 50% más de
probabilidades de morir prematuramente, durante el primer
año.
-
La población en duelo demanda un mayor apoyo sanitario,
debido a la pérdida de sus redes de soporte social, y con
ellas de muchos de los recursos clásicos para el doliente
(familiares, religiosos, vecinos, amigos, compañeros de
trabajo,...).
Es importante tener en cuenta los
factores personales, sociales y familiares que pueden
condicionar la aparición de una mala evolución del duelo. El
duelo siempre va asociado a una serie de circunstancias, que
actúan como predictores de riesgo, como son: causa y entorno
de la muerte, personalidad y recursos psicoemocionales del
doliente, ambiente sociofamiliar, y el tipo de relación con
el fallecido. Estas circunstancias pueden ser consideradas
como normales, en el sentido de que no añaden por sí mismas
dificultades a las ya propias del duelo, o por el contrario,
pueden complicarlo enormemente.
Podemos considerar predictores de malos resultados o de
dificultades en la evolución del duelo, los siguientes: |
- Las muertes repentinas o inesperadas; circunstancias
traumáticas de la muerte (suicidio, asesinato).
- Las pérdidas múltiples; las pérdidas inciertas (no
aparece el cadáver).
- La muerte de un niño, adolescente, (joven en general).
- Un doliente en edades tempranas o tardías de la vida.
- La muerte tras una larga enfermedad terminal.
- Un doliente demasiado dependiente; relación
ambivalente con el fallecido.
- Una historia previa de duelos difíciles; depresiones u
otras enfermedades mentales.
- Tener problemas económicos; escasos recursos
personales, como trabajo, aficiones...
- Un escaso apoyo sociofamiliar real o sentido; el
alejamiento del sistema tradicional socio-religioso de
apoyo en personas emigrantes.
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Tratamiento del duelo |
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El apoyo más importante que una persona recibe después de
sufrir una pérdida, proviene de amigos y familiares, pero en
caso de dificultades para superar la pérdida, puede ser útil
el apoyo terapéutico. El periodo de duelo permite a la
persona superar la pérdida, vivir sin la persona fallecida e
independizarse emocionalmente de ella, tomar decisiones por
sí mismo, establecer nuevas relaciones, siendo capaz de
superar los momentos más críticos como celebraciones
familiares, cumpleaños o fechas significadas.
Las estrategias de apoyo psicológico o médico buscan ayudar
a la persona a superar este proceso, haciendo posible hablar
de la persona fallecida y reconocer si hay emociones mínimas
o exageradas alrededor de la pérdida, con vivencias de
culpa, rabia u otros sentimientos negativos.
Las distintas técnicas terapéuticas buscan ayudar a la
persona en duelo a superarlo, a través de: |
- Desarrollar la capacidad de experimentar, expresar y
adaptarse a los cambios afectivos.
- Utilizar los medios más eficaces para afrontar las
distintas situaciones y superar el dolor que provocan.
- Establecer una relación continuada con el difunto.
- Mantener el estado de salud y la autonomía física y
afectiva de la persona.
- Restablecer las relaciones personales.
- Alcanzar un buen nivel de autoestima y de relación con
el entorno.
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| Entre las técnicas terapéuticas que pueden
utilizarse en este proceso de adaptación a la ausencia de la
persona querida, se encuentran: |
- Anticipación de fechas y situaciones. Algunas fechas
(aniversario de la muerte, cumpleaños, Navidades, Todos
los Santos, etc.) son especiales, y con ellas llegarán
nuevos tirones de dolor que sorprenden y desmoralizan, por
lo que conviene tenerlas en cuenta para adelantarse si
están por venir, adivinando o imaginando como se vivirán,
o averiguar el impacto y la estela que han dejado atrás si
ya han ocurrido.
- Toma de decisiones, solución de problemas y
adquisición de habilidades. A veces la persona en duelo
tiene un auténtico bloqueo cognitivo mezclado con miedo,
ya que su mundo se le ha venido abajo y todo puede ser
extremadamente peligroso. En esta situación, a veces, la
toma de decisiones resulta difícil o es necesario adquirir
habilidades que ejercía la persona fallecida (arreglo de
un enchufe, cambiar una bombilla, ir al banco, etc.).
- Concretar los problemas, generar alternativas, elegir
una opción, ponerla en marcha y evaluar resultados.
- Narración repetitiva de la muerte y “contar”
historias. La narración de un hecho trágico lo
desdramatiza en parte. El relato pormenorizado y
redundante de la muerte es catártico, lava, purga, abre la
espita de la emoción y además libera, ordena y estructura
el pensamiento. Casi hace de la muerte una parte de
nosotros mismos, la normaliza y ayuda a superarla.
- Hablar de retazos de vida pasada, extraerlos del viejo
archivo de la memoria y actualizarlos. Con ello, el
doliente perfila lo que fué y lo que es, reflexiona,
busca, rebusca y tiene la oportunidad de ver que los
vínculos son ahora distintos pero perviven. Puede hacer
nuevas amistades, ilusionarse con los nietos, la vida,...
sin miedo, nunca se va a olvidar,... porque el olvido es
imposible.
- Prescripción de tareas concretas e individualizadas
que se negocian y pactan previamente, y que comprometen al
doliente y le obligan en su consecución.
- Realizar ejercicio físico con unas pautas
determinadas, consiguiéndose además -por el efecto dominó
y casi sin querer- cambios en otros hábitos de vida del
doliente, y sobre todo evitando maneras de afrontar su
pérdida, claramente perjudiciales: abusar del alcohol, del
tabaco, del vídeo, de la televisión, del juego, etc.
- Hablar de los sueños y de las presencias: visuales,
auditivas, táctiles... Los sueños a veces asustan e
inquietan, y en otras ocasiones, alivian y reparan,
produciendo sosiego. Es conveniente hablar de ellos y del
significado que tienen para el doliente.
- Utilización de psicofármacos. En el duelo normal sólo
deben de tomarse fármacos para trastornos concretos y
durante un tiempo limitado y ocasional, con el fin de
evitar medicalizar el duelo. Los antidepresivos son
totalmente ineficaces frente a la tristeza del duelo si no
existe depresión.
- Debe de estarse atento en personas con estilos de
afrontar las dificultades claramente perjudiciales, p. ej.
“compensadores químicos” que van a echar mano de
sustancias para curar su dolor y su impotencia, léase
alcohol, nicotina, pastillas..., o conductas repetitivas y
compulsivas del tipo “trabajo adicto”, “jugador de
máquinas”,... que anclen el dolor y lo narcoticen por la
repetición.
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| Debe de solicitarse atención especializada
en caso de: |
- Estilos de afrontar los problemas abiertamente
autolesivos a corto o largo plazo (exceso de consumo de
drogas, alcohol, ludopatías, obsesiones...).
- Aparición de problemas de salud mental asociados:
fobias, crisis de angustia, etc.
- No superación del duelo: aparente ausencia de duelo,
cronificación...
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En el proceso de superación del
duelo existen diversos recursos o técnicas que se pueden
utilizar: |
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Es importante resaltar el papel clave de la familia en el
proceso de superación del dolor tras el fallecimiento de una
persona querida. Es el principal recurso de la persona
para afrontar los retos que cada día se presentan y un
elemento fundamental en la colaboración con el médico o
terapeuta, si es necesario el tratamiento. |
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| ¿Cómo afrontan los niños el duelo? |
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A
diferencia de los adultos, los niños no experimentan un
duelo intenso y continuo de reacciones emocionales y
conductuales ante la pena. Los niños pueden mostrar su pena
de manera ocasional y breve, pero en realidad, el proceso
dura mucho más tiempo que en los adultos y se hace presente
en los momentos especiales de sus vidas, como irse de
campamento, momentos clave en la escuela, al casarse, o al
tener un hijo.
El modo cómo se afronta el duelo por los niños depende de la
edad, la personalidad, de las experiencias previas de la
muerte, y de su relación con el difunto. Además, se verá
influido por las circunstancias del deceso: el ambiente que
rodea al niño, la causa de la muerte, la capacidad de
comunicación de los familiares, la estabilidad de la familia
tras la muerte y su entorno afectivo.
En general, los niños muestran su dolor en episodios cortos,
a través del juego y del comportamiento.
En los niños muy pequeños, se puede presentar como una
deprivación afectiva o falta de cariño, con ansiedad,
apatía, pérdida del sueño y/o del apetito. Entre los 3 y 6
años, los niños ya reconocen qué es la muerte física, pero
la viven como algo temporal y reversible, por lo que suelen
hacer preguntas acerca de cómo transcurre la vida y los
actos cotidianos de la persona fallecida, como si ésta
viviera en otro lugar. El dolor puede manifestarse como
trastornos del sueño, del control de esfínteres, pérdida del
apetito…
A
partir de los 6 años, los niños empiezan a mostrar
curiosidad acerca de la muerte y suelen preguntar datos
concretos sobre lo que le pasa al cuerpo cuando uno muere.
Pueden ver la muerte como algo definitivo y que amedrenta,
pero que le pasa más a la gente vieja. El dolor lo
manifiestan como fobias, problemas de aprendizaje,
comportamiento agresivo o antisocial, presentar síntomas de
enfermedades imaginarias, aislarse o convertirse en niños
sumamente apegados y dependientes. Si el fallecido es uno de
los padres suelen vivir la situación como de abandono, y
reclamar mayor atención.
A
partir de los 9-10 años, los niños ya ven la muerte como
algo irreversible y tienen mayor capacidad de análisis
objetivo de los acontecimientos.
Es
importante tener en cuenta los interrogantes que se le
plantean al niño, la posibilidad de que se generen vivencias
de culpabilidad, asociando hechos o acontecimientos de su
comportamiento con la muerte de la persona querida, que le
lleven a interpretar que él es responsable de la muerte, o
le genere temores acerca de su vida y su futuro. El niño
mayor necesita, como el adulto, hablar sobre los
acontecimientos que están ocurriendo, participar de los
preparativos y de los actos del sepelio, dándoles y haciendo
evidente el cariño y garantizándoles los cuidados y el
entorno de seguridad que necesitan. |
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| Para obtener más información: |
 |
En FisterraSalud:
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En otros sitios:
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Asociaciones de autoayuda |
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Autores:
Equipo editorial de Fisterra
Médicos especialistas en
Medicina de Familia y en Medicina Preventiva y Salud Pública.
Modificado de "GUIA
DE CUIDADOS PRIMARIOS DEL DUELO", Victor Landa Petralanda,
Médico de Familia C.S. Basauri-Ariz y Jesús Angel García-García,
Médico de Familia C.S. Kueto Sestao. |
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